Hay que prepararse para la demolición del Estado Burgués

11 de mayo de 2010, escrito por Sin comentarios
"Hay que prepararse para la demolición del Estado burgués y la hegemonía de la oligarquía", exhortó el Presidente Hugo Chávez a los candidatos y candidatas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a las elecciones parlamentarias de la Asamblea Nacional (AN), para que, desde los espacios legislativos, transformen el actual sistema capitalista por un Estado verdaderamente social, de derecho y de justicia.
"Comprométanse a consumirse por el pueblo, no por ustedes mismos, ni por un gobernador o alcalde...sino por el pueblo que aún sufre", expresó el líder socialista, desde el Teatro Municipal de Caracas, a los 110 principales y 110 suplentes que resultaron favorecidos por el voto de los más de 2 millones y medios de militantes el pasado 2 de mayo, en los históricos comicios del principal partido político de Venezuela.
El Comandante Chávez recordó que las generaciones anteriores y actuales de venezolanos fueron envenenadas "hasta la médula" por un sistema capitalista que se convirtió en un virus de consumismo y desigualdad y que llevó a Venezuela a una pobreza sin precedentes al término del siglo 20.
Señaló que los aspirantes socialistas a ser legisladores de la nueva Asamblea Nacional a partir del 26 de septiembre, deben prepararse, estudiar y comprender los mecanismos socialistas que permitan enfrentar a los viejos vicios capitalistas.
Puso como ejemplo la asignación de dólares a los grandes empresarios privados que, en su mayoría, solamente buscan ganancias exorbitantes para sí mismos. Indicó la necesidad de que los candidatos se preparen en estos temas para quitarle a la burguesía la hegemonía del manejo de los recursos que son del pueblo.
"¡Parecemos pendejos!. Ellos importan, subfacturan, compran en el exterior cualquier cosa que valga un dólar y vienen a venderlo al triple (...) Es un factor común contra el cual hay que estar luchando".

Especuladores del Dólar paralelo recibirán su medicina:

Sobre este tema, abordó el caso del llamado "Dólar Paralelo", que recordó es ilegal, y cuyo valor sigue subiendo en desmedro del control inflacionario.
"Evaluamos el problema, y estamos previendo medidas de un plan..." adelantó, sin dar más detalles. "A los especuladores del dólar, después no digan que no se les avisó, pero recibirán en su momento su medicina", advirtió.
Advirtió que el precio del petróleo ha estado cayendo por la crisis capitalista que rebrotó en Europa, con el caso de Grecia, y que amenaza al resto del continente.
"Por eso lo que ocurre aquí no está desconectado de nada....La crisis capitalista no ha pasado. No diré que es terminal (...) El capitalismo está en crisis, pero tiene recursos para alagar esa crisis, y vivir con ella incluso".
Puntualizó que el supuesto "rescate" de Grecia por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), a costa de reducciones de beneficios sociales para ese pueblo, no es otra cosa que la continuación de las malas prácticas capitalistas. Cuestionó que el presidente de EUU, Obama, inyectó miles de dólares para reflotar al principal organismo responsable de la situación.

Carniceros no deben pagar por los grandes especuladores:

Al revisar el tema de la inflación, reiteró que todo lo dicho impacta en esta variable económica que tiene un altísimo contenido de especulación capitalista.
Pero, además, resaltó que hay un factor político, y la cúpula de los empresarios representada en Fedecámaras sigue conspirando "y están buscando militares, buscando la manera de retomar el camino a la desestabilización"
Dio que uno de los elementos de esta intención se evidenció con la reciente manipulación del tema de la carne, con un supuesto desabastecimiento que se demostró era totalmente falso.
Precisó que en este caso, no hay necesidad de detener ni meter preso a los dueños de pequeñas carnicerías que han cobrado por encima del precio regulado, sino actuar contra los grandes intermediarios.

"No hay que agarrar a los carniceros sino a los grandes, ni siquiera meterlos presos, sino expropiarles todo compadre. Ésa es la solución. Ni siquiera presos, ¿para qué?".
Acotó que los nuevos parlamentarios deben usar su inmunidad para trabajar por el pueblo, investigar, hacer informes y ejercer contraloría ante los especuladores.
"Por eso pido que estudiemos. Esto requiere una acción coordinada del nuevo Estado que está naciendo: el Estado de justicia social", ejemplarizó, advirtiendo que es tema de todos los revolucionarios.
Recordó que la planificación y ejecución de leyes y medidas económicas y sociales no deben realizarse en condiciones técnicas normales, puesto que la burguesía tiene poder económico y mediático que busca siempre frenar los resultados buscados.
Por eso dijo que hay necesidad de preparar normativas y legislaciones que sean estudiadas, debatidas y propuestas por el propio pueblo. "Hay que acabar con la democracia representativa, que es la burguesa. Hay que prepararse para impulsar la democracia participativa".

Psicólogos cómplices de la CIA en la tortura

9 de mayo de 2010, escrito por Sin comentarios

Cuando en 2005 las noticias periodísticas denunciaron que había psicólogos trabajando con militares de EEUU y la CIA para desarrollar métodos brutales de interrogatorio, los dirigentes de la Asociación de Psicólogos Estadounidenses (APA) reunieron un grupo de trabajo para examinar la cuestión.
Después de dos días de deliberaciones, el grupo de diez miembros llegó a la conclusión de que los psicólogos desempeñaban «un papel valioso y ético» al asistir a los militares.

Un alto nivel de confidencialidad alrededor del grupo de trabajo prohibía revelar las actas y los miembros y asistentes. No fue hasta un año después que se dieron a conocer los nombres de los miembros de este grupo, en Salon.com [1], revelando que seis de los nueve miembros con derecho al voto pertenecían a agencias militares y de inteligencia con conexión directa a los interrogatorios en Guantánamo y sitios oscuros de la CIA que funcionan ignorando las convenciones de Ginebra.

El grupo de trabajo de la entidad Ética Psicológica y Seguridad Nacional (PENS, en inglés) se reunió en respuesta a las pruebas cada vez mayores de que los psicólogos no sólo participaban en los procedimientos que han horrorizado a la humanidad, sino que de hecho estaban a cargo de diseñar esas brutales tácticas y de entrenar a los interrogadores en esas técnicas.

En particular dos psicólogos desempeñaron un papel central: James Elmer Mitchell, que fue contratado por la CIA, y su colega Bruce Jessen. Ambos trabajaron en el programa de entrenamiento militar clasificado conocido como Supervivencia, Evasión, Resistencia y Fuga (SERE, en inglés), que condiciona a los soldados para soportar el cautiverio en manos enemigas.

De una manera bastante cuasi-científica, según psicólogos y otras personas con conocimiento directo de sus actividades, Mitchell y Jessen retroinvirtieron las tácticas infligidas a los aprendices de SERE para usarlas en los detenidos en la «guerra global contra el terror».

Con la completa adopción de las técnicas de SERE para los interrogatorios por parte de los militares de EEUU, la CIA puso a Mitchell y a Jessen a cargo del entrenamiento de los interrogadores en las técnicas brutales, incluyendo el «submarino» [técnica de tortura], en su red de sitios oscuros.

Entretanto, resulta cada vez más claro que EEUU ha sacrificado su conciencia y su imagen global por tácticas que son, con mucho, ineficaces.
Con cerca de 150.000 afiliados, la APA es la mayor organización psicólogos en el mundo. A diferencia de la Asociación Médica Estadounidense y de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense que, desde 2006, han prohibido totalmente la participación de sus doctores, la APA continúa permitiendo que sus miembros intervengan en los interrogatorios de detenidos, alegando que su presencia garantiza interrogatorios seguros y evita los abusos.

La Dra. Jean Maria Arrigo, uno de los tres miembros civiles del grupo de trabajo PENS 2005, cuya tarea fue considerar lo apropiado de la participación de psicólogos en métodos severos de interrogatorio, asegura que los más altos niveles del Departamento de Defensa (DOD, en inglés) predeterminaron las conclusiones de los grupos de trabajo.

Al citar una serie de irregularidades que incluyen la prisa, la intimidación y el secreto, Arrigo sostiene que el grupo de trabajo estaba lejos de ser equilibrado o independiente.

Reveló que el Presidente de APA, Gerald Koocher ejerció un fuerte control fuerte sobre las decisiones del grupo de trabajo y censuró a los disidentes. Seis de los diez miembros ocupaban altos puestos en el DOD, claramente en atención a que representaban decisiones que ya se habían tomado. Estas fueron:

a) la adopción de la definición permisiva de la tortura en las leyes de EEUU, a diferencia de la estricta definición en el derecho internacional, y

b) la participación de psicólogos militares en los escenarios de los interrogatorios.

Muchos psicólogos molestos insisten en que la política de la APA ha hecho de la organización una entidad que posibilita la tortura.

En la convención anual de APA de agosto de 2007, los miembros presentaron ante su Consejo de Representantes una enmienda moratoria de la resolución de la APA:
«Se resuelve que los objetivos de la APA serán el desarrollo de la psicología como ciencia y profesión y como medio de promover salud, la educación y el bienestar. Por lo tanto, el papel de los psicólogos en escenarios donde los detenidos han sido privados de una protección adecuada de sus derechos humanos se debe limitar a ser el de un personal de salud que proporcione tratamiento psicológico».

Una abrumadora mayoría del Consejo votó en contra de esta medida que habría prohibido la participación de sus miembros en interrogatorios abusivos a detenidos.

En una encendida reunión de profesionales que siguió a la convención, decenas de enfurecidos psicólogos testificaron. Entre ellos, el Dr. Steven Reisner, miembro de la Coalición por una APA Ética, quien preguntó por qué el Consejo de Representantes votó por el rechazo a la moratoria, en clara contradicción con las convicciones de una amplia mayoría de la membresía de APA.

Reisner reflexionó sobre la falta de estándares éticos esenciales para una asociación como esa y para sus miembros. «Esto se refiere a la esencia de quiénes somos como psicólogos éticos. Si no podemos decir ‘No, no participaremos en interrogatorios realizados en sitios oscuros de la CIA’, pienso que tenemos que preguntarnos seriamente qué somos como organización y, para mí, cuál es mi lealtad a ella, o si habría que criticarla desde afuera en este momento».
Actualización de Mark Benjamin

Un mes después de que Salon publicara «Los profesores de tortura de la CIA» le siguió [la revista] Vanity Fair en julio de 2007 con un artículo a fondo que revelaba más detalles acerca del pequeño conciliábulo de psicólogos que ayudó a crear el programa de brutales interrogatorios de la CIA; un modelo que hizo metástasis en la Bahía de Guantánamo, Afganistán y en Irak en lugares como Abu Ghraib.

Para diciembre, llevaba a los lectores a un viaje al interior de los secretos «sitios oscuros» de la CIA, cuando Salon publicó la primera entrevista a profundidad con un ex preso de la agencia, Mohamed Farag Ahmad Bashmilah. Bashmilah incluso proporcionó dibujos escalofriantes de su estéril celda. Aparentemente, el yemenita era culpable nada menos que de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado: la CIA lo liberó después de diecinueve meses de duro encarcelamiento.
«Cada vez que veía una mosca en mi celda, me llenaba de alegría» -me dijo, hablando de la apabullante privación sensorial y el aislamiento-, «aunque deseaba que se escabullera por debajo de la puerta, para que no fuese prisionera como yo».

El 22 de abril de 2008, el Washington Post publicó un artículo sugiriendo que el gobierno de EEUU había ido mucho más allá del abuso a los detenidos, sometiéndolos a posiciones estresantes, privación del sueño y humillación sexual, y quizás hasta recurrido a drogas que alteraban la mente para desorientar aún más a los presos. De algún modo, la agencia parecía creer que con esto les sacaría información confiable. A fines de ese mes, los senadores Joe Biden, Jr. (Demócrata por Delaware), Carl Levin (Demócrata por Michigan), y Chuck Hagel (Republicano por Nebraska), solicitaron a los inspectores generales del Pentágono y la CIA que investigaran el asunto.

En mayo de 2008, el inspector general del Departamento de Justicia dio a conocer un informe individual mostrando que durante años los agentes del FBI se habían quejado de las duras tácticas de interrogatorio empleadas por la CIA y el Pentágono. Esa preocupación cayó en oídos sordos en el Consejo de Seguridad Nacional.

Sería grandioso decir que al final prevalecerá la justicia. Sin embargo, cuando se trata de tortura, la mayoría de los esfuerzos del Congreso para investigar el comportamiento de la CIA y de los militares han sido, con mucho, anodinos.

Al menos en teoría, al momento de escribir estas líneas, el Comité del Senado para las Fuerzas Armadas aún investigaba las actividades de James Mitchell y Bruce Jessen, los dos psicólogos identificados por primera vez por Salón que supuestamente ayudaron al gobierno a aplicar la retroingenieria a las tácticas creadas para ayudar a los soldados de elite a resistir la tortura de las técnicas de interrogación.
El Comité Judicial de la Cámara de Representantes también investiga el asunto.

Pero pocos esperan que alguien de la administración sea llevado por la fuerza delante de cualquier clase de tribunal, y con una Casa Blanca completamente convencida de que el abuso es una táctica eficaz de interrogatorio -e igualmente comprometida a proteger a aquellos que la utilizan- pocos expertos piensan que la justicia será servida.

Eso es válido para los psicólogos que crearon el diabólico programa y a los que les dieron autoridad para llevarlo a cabo.

Médicos por los Derechos Humanos ha perseguido sistemáticamente esta noticia. Usted puede aprender más sobre esta organización y descubrir cómo puede participar visitando:








 Fuentes:

Testimonios de veteranos de Irak y Afganistán

8 de mayo de 2010, escrito por Sin comentarios
Soldados estadounidenses veteranos de la invasión en Irak y Afganistán desatada por la administración Bush y hoy en día continuada por Obama dando una conferencia para denunciar las atrocidades y mentiras de estas guerras. A la derecha [con un gorro en la cabeza], aparece el sargento mayor Jimmy Massey, autor del libro Cowboys del Infierno. Cuenta su editor en castellano que cuando lo vio por primera vez en 2005 le preguntó porque había hecho un acto en si tan valiente, el de denunciar la invasión de Irak por su país, el de denunciar que [los EEUU] habían ido en realidad por el petróleo y que no había armas de destrucción masiva. El editor sabía que en su país la prensa norteamericana ya lo nombraba como traidor a la patria, había perdido su empleo a causa de eso y muchas amistades. La CIA había constituido además una célula para espiarlo y vigilarlo. Y cuenta el mismo editor que el soldado le respondió: "sabe usted que yo me voy a ir al infierno por todas [las matanzas], las barbaridades que hecho en Irak, y este testimonio escrito es la última cosa que me queda para salvar mi conciencia". El editor se quedó muy sorprendido del sufrimiento y sinceridad de estos soldados, víctimas de un engaño, de una guerra hueca sin sentido y manipulada. Su libro ha sido publicado en varios idiomas, pero hasta hoy día no ha sido publicado en su original en inglés en los Estados Unidos.


Gracias a valientes y honestos testimonios de combatientes veteranos estadounidenses de las guerras de Irak y Afganistán que la opinión pública internacional puede tener una información verídica y realista —a falta de una cobertura honesta por parte de la prensa comercial —de los acontecimientos de estas invasiones así como las verdaderas causas y razones que empujaron al ex presidente George W. Bush a cometerlas, hoy continuadas por el premio Nobel de la Paz Barack Obama.
 


Veteranos de guerra de Irak y Afganistán se están presentando para narrar el impacto brutal de las actuales ocupaciones de esos dos países.
Una investigación de la revista The Nation (EEUU), de julio de 2007, y las contribuciones informativas del colectivo llamado «Soldado de Invierno» (Winter Soldier en inglés) presentadas en [el pueblo de] Silver Springs, Maryland, en marzo de 2008 -éstas últimas organizadas por Veteranos de Irak contra la Guerra» y que reunió a más de 300 ex militares estadounidenses-, han hecho públicas sus experiencias.

Los desgarradores testimonios de los soldados sobre las atrocidades presenciadas por ellos, o en las que participaron directamente, son indicadoras de un problema estructural en el Ejército de EEUU que ha creado una atmósfera de anarquía.

Expertos en derecho internacional señalan que las declaraciones de los soldados muestran la necesidad de investigar potenciales violaciones del derecho internacional de altos funcionarios de la administración de Bush y del Pentágono.
Aunque la [televisión británica] BBC predijo que el episodio [y testimonio del colectivo] del Soldado de Invierno predominaría en los titulares de todo el mundo esa semana, hubo casi un silenciamiento total de este acontecimiento histórico en los medios corporativos de prensa EE.UU. [1].

Decenas de veteranos de la ocupación de Irak y de Afganistán declararon públicamente durante la reunión de cuatro días [organizada por el colectivo llamado] Soldado de Invierno sobre los crímenes que cometieron durante el transcurso de la batalla –muchos de los cuales fueron provocados por las órdenes o las políticas establecidas por los oficiales superiores.

Tales crímenes incluyen la selección como blanco de civiles desarmados e inocentes para asesinarlos o detenerlos, la destrucción de sus propiedades, la profanación de los cadáveres, y graves abusos a los detenidos (a menudo torturándolos hasta la muerte) y el uso de los cadáveres para prácticas [y experimentos] médicos.

[El colectivo] Winter Soldier [su nombre en inglés] 2008 se organizó para demostrar que los incidentes bien divulgados de la brutalidad de EEUU, incluyendo el escándalo de la prisión de Abu Ghraib y la masacre de toda una familia de iraquíes en la ciudad de Haditha, no fueron incidentes aislados perpetrados por «unas cuantas manzanas podridas», como han afirmado muchos dirigentes políticos y militares.
Son parte de un patrón, según los organizadores, «de una ocupación cada vez más sangrienta».
Los veteranos también pusieron énfasis en las similitudes entre las ocupaciones en Irak y Afganistán, «...unidades que reciben exactamente el mismo entrenamiento y exactamente las mismas órdenes son enviadas a Irak y a Afganistán», explicó un ex médico del Ejército de EEUU.

La investigación de [diario estadounidense] The Nation documenta y testimonia las experiencias vividas de cincuenta veteranos de combate de la ocupación de Irak.
Sus testimonios revelan que las tropas estadounidenses carecen de entrenamiento y de apoyo para comunicarse con los civiles iraquíes o entenderlos.

Se les ofreció poca o ninguna educación cultural o histórica sobre el país que controlan. Hay pocos traductores y a menudo son incompetentes.
Los veteranos entrevistados dijeron que los estereotipos que tenían los soldados e infantes de marina sobre el Islam y los árabes tendían a solidificarse rápidamente en un crudo racismo en los estrechos confines de los militares y en las riesgosas calles de las ciudades iraquíes.

Los veteranos dijeron que la cultura de esta guerra de contrainsurgencia, en la que se asume que la mayoría de los civiles iraquíes son hostiles, imposibilitó que los soldados se compadecieran de sus víctimas -por lo menos hasta que volvían a casa y tenían oportunidad de reflexionar.
El ex sargento del ejército de EEUU Logan Laituri argumentó: «El problema que enfrentamos en Irak es que los responsables de formular las políticas de dirección han sentado un precedente de anarquía en la que no acatamos el principio de la ley, no respetamos los tratados internacionales, de modo que cuando se crea esa atmósfera, ésta se presta a la actividad criminal».

El experto en derecho internacional Benjamín Ferencz, que sirvió como fiscal principal de los crímenes de guerra nazis en Nuremberg después de la Segunda Guerra Mundial, dijo a OneWorld [2] que ninguno de los veteranos que prestaron declaración en Soldado de Invierno se debe procesar por crímenes de guerra.

En su lugar, dijo, se debía enviar al Presidente Bush al banquillo de los acusados por haber comenzado una guerra «de agresión».
«Nuremberg estableció que la guerra de agresión es uno de los mayores crímenes internacionales».
Dijo que la Carta de las Naciones Unidas, escrita después de la carnicería de la Segunda Guerra Mundial, contiene una disposición que señala que ninguna nación puede utilizar la fuerza armada sin el permiso del Consejo de Seguridad de la ONU.

Muchos veteranos de Irak y de Afganistán han regresado a sus hogares con graves problemas emocionales debido a la disparidad entre la realidad de las ocupaciones y la manera en que el gobierno de EEUU y los medios estadounidenses las representan.
La ocupación que describen los veteranos es una oscura e incluso una depravada empresa, de un poderoso parecido con otras guerras y ocupaciones coloniales equivocadas y brutales, desde la ocupación francesa de Argelia hasta la guerra estadounidense en Vietnam y la ocupación israelí del territorio palestino.

Aunque los medios internacionales e independientes de EEUU cubrieron [la información dada por el colectivo] Soldado de Invierno con omnipresencia, hubo un casi completo bloqueo informativo de este acontecimiento en los grandes medios de EEUU. (Véase el Capítulo 12)
Actualización de Aaron Glantz

Aimee Allison y Esther Manilla (de Radio Pacífica)

Los veteranos que intervinieron en Soldado de Invierno habrían podido quedarse callados. Habrían podido aceptar los desfiles y los elogios de heroísmo y haberse mezclado nuevamente en la sociedad, y el mundo jamás hubiera conocido las terribles atrocidades que cometieron o que presenciaron en Irak o Afganistán.
Sin embargo, al presentarse para compartir sus historias arriesgando considerablemente su honor, estos veteranos han prestado un gran servicio, cambiando permanentemente el registro histórico de «lo que sucedió» en las zonas de guerra [y especialemente lo que ocurre en Irak y Afganistán].

Sus palabras no fueron inútiles, aunque sus testimonios continúan siendo en buena parte ignorados por los medios dominantes (hasta la fecha, el New York Times, CNN, ABC, NBC y CBS no los han cubierto).
Nuestros tres días de difusión [por Radio Pacífica] condujeron a una sesión en el Congreso de los EEUU, frente al Comité Progresista del Congreso.

Durante nuestra transmisión de marzo, conversamos, vía telefónica desde California, con la copresidente del Comité, la congresista Barbara Lee, y permitimos que dos veteranos se nos unieran en la conducción de la entrevista.
En sus comentarios de apertura de Soldado de Invierno en el Congreso, Lee hizo alusión a esa entrevista:
«Recuerdo que una de las personas con quienes hablé quería saber por qué no estaba presente ningún miembro del Congreso», dijo.
Y alguien me preguntó durante la entrevista: «Bueno, ¿qué le parece una sesión en Washington DC?», y respondí: «Bien».

El 15 de mayo de 2008, nueve veteranos de Irak y Afganistán se presentaron ante el Comité Progresista del Congreso, copresidido por Lee y por la congresista Lynne Woolsey.
Otra media docena de miembros del Congreso participó en el testimonio de tres horas o lo escuchó.
Muchos de los representantes presentes estaban visiblemente emocionados con las declaraciones, y la congresista Maxine Waters aplaudió a los veteranos por su valor.
Las radioemisoras KPFA y Pacifica difundieron la sesión en vivo.

Igualmente importante fue que nuestra transmisión en directo durante tres días mostró a muchos veteranos que no estaban solos.
Durante el desarrollo de ambas transmisiones llovieron las llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes de blogs de miembros en servicio, de veteranos y de familias de militares agradeciéndonos por romper el estándar cultural del silencio sobre la realidad de la guerra.

Desde entonces, muchos veteranos nos han referido la importancia de nuestra transmisión y el impacto que ha tenido en ellos.
Un soldado, el Sargento Matthis Chiroux, dijo que conocer sobre Soldado de Invierno lo hizo negarse a acatar las órdenes de desplegarse en Irak.

Antes de [saber las verdad presentada por] Soldado de Invierno, Chiroux dijo que era suicida [de alistarse en el ejército para ir a Irak].
«Simplemente me sentaba en mi habitación a leer las noticias sobre Irak y me sentía completamente desesperado, me obligarían a ir y nadie nunca sabría cómo me sentía», dijo. «Me estaban enlazando para participar en un crimen contra la humanidad y todo con plena conciencia de que nunca deseé estar allí, en primer lugar».

El momento crucial, dijo Chiroux, se produjo cuando uno de sus profesores en la Universidad de Brooklyn en Nueva York le sugirió que escuchara un programa sobre las sesiones de marzo de Soldado de Invierno. «He aquí una organización de soldados y veteranos que se sienten como yo», dijo. «Toda esta alienación y depresión que sentía comenzó a disminuir. Los encontré, y he estado expresándoles mi opinión desde entonces».

Desde la reunión y presentación realizada en el pueblo de Silver Springs en marzo, se han estado organizando sesiones regionales de Soldado de Invierno en todo el país.
Otros veteranos se están presentando para contar sus historias y los que hablaron en Maryland revelaron mucho más sobre la realidad de su servicio.

Hasta la fecha, se han llevado a cabo sesiones regionales para escuchar los testimonios de los veteranos. Se espera que se organicen muchas más en el futuro. Con sus continuos testimonios, las historias de los veteranos se han convertido en sus armas más poderosas.

Para más información y escuchar los testimonios de marzo y de mayo de 2008, por favor, visite:

www.warcomeshome.org y www.ivaw.org

EEUU fue declarado culpable de prácticas terroristas por el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya

, escrito por Sin comentarios

(Extracto de "El libro negro de Ámerica", escrito por el periodista canadiense Peter Scowen) Los operativos de la CIA en Centroamérica conocidos como UCLA´s (Unilaterally Controlet Latino Assets) sembraron minas en varios puertos nicaragüenses a finales de 1983 y 1984 que dañaron más de una docena de buques y obligaron al cierre de las instalaciones portuarias durante dos meses. Por entonces Reagan declaró que las minas constituían acciones "caseras" ejecutadas por la Contra, pero los informes de funcionarios de la Administración y la Comisión del Senado demuestran que fueron colocadas por agentes norteamericanos. Las minas dañaron embarcaciones inocentes, hicieron subir las primas de los seguros y obligaron a una serie de compañías navieras a mantenerse alejadas de los puertos nicaragüenses, lo que perjudicó a la economía aún más si cabe.

Después de los incidentes de las minas, Nicaragua presentó el caso al Tribunal Internacional de Justicia de la Haya. En un principio EEUU alegó que no era competencia del Tribunal Internacional ver el caso de Nicaragua; cuando el Tribunal falló que sí era un caso de su competencia, EEUU se retiró del proceso. El Tribunal hizo todo lo posible por encontrar pruebas a favor de EEUU, e incluso tuvo en cuenta un documento que EEUU envió a la ONU para justificar su incursión.

Sin embargo, en 1986 el Tribunal declaró al gobierno de EEUU responsable de las minas del puerto que dañaron buques mercantes extranjeros, además de otras acciones directas contra Nicaragua. Entre ellas: el sabotaje de un oleoducto subterráneo y parte de la terminal petrolífera de Puerto Sandino el 13 de septiembre de 1983; una ataque por aire y por mar del puerto de Cortino el 10 de octubre de 1983 que destruyó cinco depósitos de petróleo y obligó a la evacuación de un buen número de habitantes de la zona; otra explosión en el oleoducto subterráneo de Puerto Sandino el 14 de octubre de 1983, y un ataque de dos días con lanchas motoras y helicópteros lanzacohetes contra la base naval de Potosí el 4 y 5 de enero de 1984. En todos los casos, según el fallo del Tribunal, EEUU planificó, dirigió y ejecutó los ataques, aún cuando no implicaran personal militar norteamericano. Dicho de otro modo, EEUU había atacado a Nicaragua, infringiendo los tratados internacionales de las Naciones Unidas y otros.

El tribunal declaró así mismo que los fondos que EEUU mandó a la Contra ayudaron a aumentar el número de fuerzas rebeldes de 500 a 10.000 en poco tiempo.Determinó que el manual de instrucción titulado operaciones psicológicas en la guerra de guerrillas y mencionado por el ex líder de la Contra, Edgar Chamorro, en un juicio en Massachusetts, era de la CIA. Su sentencia citaba los párrafos que aconsejan a los contras atacar a jueces y a "notables" para aterrorizar a la población, además de recomendar fabricar mártires asesinando a personajes populares y haciendo aparecer a los sandinistas como responsables. El tribunal tomó nota de que posteriormente la CIA censuró el documento, argumentando que el asesinato era incompatible con sus principios, además de infringir un decreto ejecutivo firmado por Reagan en 1981 prohibiendo el asesinato como instrumento del Gobierno y de sus agencias de información secreta. La CIA atribuyó el documento a agentes que desconocían el decreto.

El tribunal consideró que el embargo económico aplicado por EEUU a Nicaragua era una violación de sus obligaciones contractuales. Por encima de todo, falló que la instrucción, la financiación y el suministro de armas a la Contra era una injustificada y "clara infracción del principio de no intervención" en los asuntos de una nación soberana.

El gobierno nicaragüense notificó al Tribunal Internacional de Justicia que retiraba su demanda en 1991, después de que los sandinistas hubiesen perdido el poder en las elecciones de 1990 ante un partido simpatizante de Estados Unidos. EEUU había gastado aproximadamente 45 millones de dólares en la campaña del partido ganador.

En el siguiente enlace podrás ver la sentencia (excesivamente indulgente para lo que se juzgaba) dictada por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya contra los EEUU, en la página 180 del documento de pdf.

http://www.icj-cij.org/homepage/sp/files/sum_1948-1991.pdf

Y en este otro enlace podrás encontrar la resolución dictada por la propia ONU condenando las actividades criminales de los Estados Unidos

http://www.un.org/documents/ga/res/41/a41r031.htm

El pretexto climático 3/3

4 de mayo de 2010, escrito por Sin comentarios
En su filme «2012», Roland Emmerich muestra el derrumbe de la corteza terrestre bajo el peso de las aguas y el salvamento de los capitalistas más adinerados en dos modernas arcas de Noé mientras el resto de la humanidad sucumbe a los embates de las aguas. 
 

El Protocolo de Kyoto



En 1988, Margaret Thatcher había incitado al G7 a financiar un Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC) [Conocido en español por sus siglas en inglés (IPCC) y como Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, denominación que utilizaremos en lo adelante en este trabajo. NdT.] bajo los auspicios del PNUMA y de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

En su primer informe, en 1990, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático consideraba «poco probable» un claro aumento del efecto invernadero para «las próximas décadas o más allá». En 1995, un segundo informe de este órgano político se hace eco de la ideología de la Cumbre de Río y «sugiere una influencia detectable de la actividad humana en el clima planetario» [1].

Al ritmo de una al año, se suceden entonces una serie de conferencias de la ONU sobre el cambio climático. La de Kyoto, en Japón, elabora en diciembre de 1997 un Protocolo en el que los Estados firmantes se comprometen de forma voluntaria a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente las de dióxido de carbono (CO2) así como las de otros 5 gases: el metano (CH4), el protóxido de nitrógeno (N20), el hexafluoruro de azufre (SF6), los fluorocarburos (FC) y los hidroclorofluocarburos.



En la medida en que el Protocolo de Kyoto incita a los firmantes a hacer un mejor uso de los recursos energéticos no renovables, su firma parece positiva incluso a los Estados que no creen en la existencia de una influencia significativa de la actividad humana sobre el clima. Pero parece muy difícil que los Estados en vías de desarrollo logren modernizar sus industrias para hacerlas menos consumidoras de energía y menos contaminantes.
Señalando que esos Estados, cuyas industrias se encuentran en estado embrionario, producen pocos gases de efecto invernadero pero necesitan ayuda financiera para poder dotarse de industrias limpias y poco consumidoras, el Protocolo de Kyoto instituye un Fondo de Adaptación administrado por el Banco Mundial y un sistema de autorizaciones negociables.

Cada Estado recibe autorizaciones para la producción de ciertos volúmenes de gases de efecto invernadero que pueden repartir entre sus industrias. Los Estados en desarrollo que no utilicen la totalidad de sus permisos pueden revenderlos a los Estados desarrollados que contaminan más de lo autorizado. Con el producto de la venta [de los permisos que no utilizan] pueden financiar entonces la adaptación de sus industrias.

La idea parece llena de virtudes. El problema está en los detalles. La creación de un mercado de autorizaciones negociables abre el camino a una financierización adicional de la economía y, partir de ahí, a nuevas posibilidades para proseguir el saqueo del que ya eran objeto los países pobres.
De forma totalmente hipócrita, el presidente estadounidense Bill Clinton firma el Protocolo de Kyoto. Pero instruye a los parlamentarios del Partido Demócrata para que no lo ratifiquen. El Senado estadounidense lo rechaza de forma unánime.
Durante el periodo de ratificación del Protocolo de Kyoto, Estados Unidos se dedica a organizar el mercado de autorizaciones negociables, a pesar de que su intención es de no someterse a las exigencias comunes hasta el último momento.

Una organización caritativa, la Joyce Foundation, subvenciona varios estudios preparatorios. La dirección de dichos estudios está a cargo de Richard L. Sandor, economista republicano que ha desarrollado una doble carrera como corredor (Kidder Peabody, IndoSuez, Drexel Burnham Lambert) y universitario (Berkeley, Stanford, Northwestern, Columbia).



Bajo el estatuto de firma establecida según el derecho británico y la denominación de Climate Exchange [bolsa de valores sobre el clima], se crea un holding correspondiente a la modalidad Public Limited Company, lo cual implica que partes de dicha empresa pueden venderse a través de una oferte pública y que la responsabilidad de sus accionistas se limita a los aportes. El redactor de sus estatutos es un administrador de la Joyce Foundation, un jurista totalmente desconocido para el público llamado Barack Obama.
El ex vicepresidente estadounidense Al Gore y David Blood, ex director del banco Goldman Sachs, hacen un llamado público en busca de inversionistas.

Como resultado de dicha operación, Gore y Blood crean en Londres un fondo de inversiones de carácter ecológico denominado Generation Investment Management (GIM).
Para ello se asocian a Peter Harris (ex director del equipo de trabajo de Al Gore), a Mark Ferguson y Peter Knight (dos ex adjuntos de Blood en Goldman Sachs) así como a Henry Paulson (en aquel entonces director general de Goldman Sachs, puesto que dejará para convertirse en secretario del Tesoro de la administración Bush).
Climate Exchange Plc abre Bolsas en Chicago (Estados Unidos) y Londres (Reino Unido), con filiales en Montreal (Canadá), Tianjin (China) y Sydney (Australia).

Al reunir las acciones bloqueadas en el momento de la creación del holding con las que posteriormente adquiere, después del llamado público, Richard Sandor llega a poseer cerca de la quinta parte de todas las acciones.
El resto se reparte esencialmente entre fondos especulativos millonarios, como Invesco, BlackRock, Intercontinental Exchange (donde el propio Sandor funge también como administrador), General Investment Management y DWP Bank. Su capital bursátil sobrepasa actualmente los 400 millones de libras esterlinas. Los dividendos que percibieron los accionistas en 2008 se elevaron a 6,3 millones de libras.

Ingenuamente, los miembros de la Unión Europea son los primeros en adoptar la teoría del origen humano del calentamiento climático y en ratificar el Protocolo de Kyoto. Pero necesitan a Rusia para ponerlo en vigor. Este último país no tiene nada que temer en la medida en que el límite que se le fija no puede perjudicarlo, dado su retroceso industrial posterior a la disolución de la URSS.
Sin embargo, no lo acepta fácilmente, para exigir a cambio el apoyo de la Unión Europea a su admisión en la Organización Mundial del Comercio.
En definitiva, el Protocolo de Kyoto no entra en vigor hasta 2005.
2002: cuarta «Cumbre de la Tierra» en Johannesburgo y recordatorio de las prioridades por parte del presidente francés Jacques Chirac

La cumbre de Johannesburgo, en Sudáfrica, no presenta para Estados Unidos mayor interés que la de Nairobi. La agenda estadounidense está orientada exclusivamente hacia la guerra global contra el terrorismo. Por lo tanto, las cuestiones medioambientales tendrán que esperar.
El presidente estadounidense George W. Bush ni siquiera asiste a la cumbre y solamente envía al secretario de Estado Colin Powell, quien pronuncia un breve discurso en lo que su avión calienta los motores para emprender el viaje de regreso.

En Johannesburgo, la conferencia abandona el ambiente festivo que había primado en Río y se concentra en temas precisos: el acceso al agua y a la salud, el agotamiento previsible de las fuentes de energía no renovables y el precio de esta última, la ecología de la agricultura y la diversidad de las especies animales. El clima es un tema entre tantos otros.



La cumbre se convierte bruscamente en terreno de confrontación cuando el presidente francés Jacques Chirac declara: «Nuestra casa está en llamas y nosotros estamos mirando hacia otro lado. La Naturaleza, mutilada y sobreexplotada, no logra reconstituirse y nosotros nos negamos a admitirlo.
La humanidad está sufriendo. Está enferma de maldesarrollo, tanto en el Norte como en el Sur, y nosotros nos mantenemos indiferentes» [2].
Su discurso suena como una acusación contra Estados Unidos. No, la prioridad no es perseguir a Osama Ben Laden. Es el desarrollo de los países pobres y el acceso de todos a los bienes esenciales.

Furiosos, los altos funcionarios de la delegación estadounidense sabotean las negociaciones. Enfrascada en la instalación del centro de tortura de Guantánamo y de prisiones secretas en 66 países, la administración Bush tiene sin embargo el descaro de dar lecciones al resto del mundo y condiciona todo compromiso estadounidense a la obtención de concesiones de los países del Sur en materia de derechos humanos y de lucha contra el terrorismo.
No se obtiene la adopción de ningún documento final de real importancia.
Copenhague, en espera de la Cumbre de la Tierra de 2012

2012 será el año de la quinta Cumbre de la Tierra y de la revisión del Protocolo de Kyoto. Pero Washington y Londres han decidido convertir la 15ª conferencia sobre el cambio climático en una gran cita intermedia.
La cuestión es que la nueva política anglosajona pretende utilizar el calentamiento climático para avanzar hacia la obtención de sus dos objetivos esenciales:
salvar el capitalismo y
apoderarse de la capacidad de la ONU de establecer el derecho internacional.

No hay más remedio que reconocer que la economía estadounidense está en baja y que no logra rebasar su crisis interna.
Los estadounidenses ya no producen prácticamente nada importante, con excepción del armamento, mientras que los bienes que ellos mismos consumen se fabrican en una China cada día más próspera.
La principal solución es un cambio del capitalismo. Es hora de reactivar la especulación orientándola hacia las autorizaciones negociables para contaminar, de reactivar el consumo con productos ecológicos y de reactivar el trabajo con los empleos verdes [3].

Por otro lado, como la resistencia a la globalización forzosa se hace cada día mayor es conveniente presentarla de otra manera para obtener su aceptación. Habrá que decir que las cuestiones medioambientales exigen una administración global cuyo liderazgo tiene que estar en manos de los estadounidenses. Y para lograrlo hay que demostrar la ineficacia de la ONU en ese sector.



Una larga y poderosa campaña de propaganda precedió la conferencia de Copenhague, comenzando por el filme de Al Gore An Inconvenient Truth, (en castellano esta película lleva el título de: Una Verdad Incómoda) presentado en el Festival de Cannes de 2006, documental que le valió a Gore el premio Nóbel de la Paz correspondiente al año 2007.
El vicepresidente estadounidense, cuyo doble juego ante el Protocolo de Kyoto ya nadie parece recordar, se presenta ahora como un convencido militante que defiende su noble causa dedicándole benévolamente su tiempo libre.
En realidad, fue en calidad de consejero de la Corona británica, la verdadera promotora de la operación, que Al Gore realizó el documental y emprendió una gira promocional.

Al Gore es un especialista de la manipulación de las masas. Fue el organizador, a fines del siglo 20, de la campaña de alarmismo milenarista vinculada al llamado «error informático del año 2000». Suscitó entonces la creación de un grupo de expertos de la ONU, el Y2KCC –en todo sentido comparable al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático–, para ofrecer la apariencia de que existía un consenso científico alrededor de lo que en realidad no era otra cosa que la magnificación de un problema menor [4].

Varios filmes de ficción se agregan al documental de Al Gore. El PNUMA divulga mundialmente el filme Home, del fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand, el 5 de junio de 2009. Algo similar sucede con 2012, el filme hollywoodense del alemán Roland Emmerich, que presenta el derrumbe de la corteza terrestre bajo el peso de las aguas y el salvamento de los capitalistas más adinerados gracias a dos modernas arcas de Noé mientras que los pobres perecen bajo las aguas.

Aparentemente, la conferencia de Copenhague debía resolver la cuestión de los gases de efecto invernadero estableciendo límites para las emisiones y ayudas destinadas a los países en desarrollo.
La realidad es que Londres y Washington pretendían llevar a los europeos a reducir por sí mismos los límites establecidos en el Protocolo de Kyoto para aumentar así la cantidad de permisos negociables, y por consiguiente la especulación bursátil, y hacer fracasar la conferencia como medio de preparar a la opinión pública mundial para la adopción de una solución fuera del marco de la ONU.

El presidente ruso Dimitri Medvedev, perfectamente cómodo en medio de toda esta farsa, preparó una maniobra que puede resultar muy productiva para su país.
Decidió subir las apuestas eligiendo un compromiso espontáneo y radical. Anuncia entonces a los países de Europa occidental que Moscú apoya lo que ellos exigen y que reducirá sus emisiones de gases de efecto invernadero de un 20 a un 25% de aquí al año 2020 en relación con las emisiones registradas en 1990. ¿Quién da más? ¡Nadie!
El detalle es que entre 1990 y 2007 las emisiones rusas de gases de efecto invernadero se redujeron en un 34% como consecuencia al colapso industrial que se produjo en tiempos de Yeltsin. O sea, el supuesto compromiso del Kremlin [para la reducción de las emisiones] le deja margen… ¡para un aumento del 9 al 14%!



De forma nada sorprendente, los anglosajones mueven sus peones utilizando al presidente francés Nicolas Sarkozy, enteramente satisfecho este último de verse en el papel de deus ex machina.
Sarkozy llega en medio de los debates, denuncia la falta de voluntad de sus homólogos y convoca una reunión no programada entre varios jefes de Estado y de gobierno [5].
Sin traductores, sentados en sillas incómodas, unos cuantos personajes se prestan para la maniobra. Garabatean en un pedazo de papes unas cuantas líneas de buenas intenciones y las presentan como la panacea.
«El planeta» ha sido salvado y… ¡cada uno para su casa!
El verdadero objetivo de esa farsa no es otro que preparar a la opinión pública mundial para las decisiones que habrá que imponer en la «Cumbre de la Tierra» de 2012.

Pero el presidente venezolano Hugo Chávez cuestiona la problemática de la cumbre, sin desalentar por ello a las asociaciones ecologistas que se manifiestan ante el centro donde se desarrolla la conferencia.
Hugo Chávez denuncia la maniobra de Sarkozy, que consiste en la redacción de una declaración final por un reducido grupo de Estados que se autoproclaman «responsables» para imponerla después al resto de la comunidad internacional.
El presidente de Venezuela denuncia una farsa destinada a permitir que un capitalismo sin conciencia logre escamotear sus propias responsabilidades y pueda presentarse como si estuviera libre de polvo y paja [6].
Chávez se hace eco de una de las consignas que gritan los manifestantes fuera del centro de conferencia: «¡No cambien el clima, cambien el sistema!»
Cochabamba, la antítesis de Copenhague

El presidente boliviano Evo Morales expone sus propias conclusiones sobre la cumbre de Copenhague. Para él está claro que las grandes potencias están jugando con el medio ambiente. Como ya viene sucediendo con muchos otros temas, las grandes potencias pretenden utilizar la cuestión del medio ambiente en beneficio propio y en detrimento del Tercer Mundo.
La presencia de una multitud de manifestantes fuera del centro de conferencias permite sin embargo abrigar esperanzas en cuanto a una voluntad planetaria muy diferente.

El presidente Evo Morales convoca entonces a una «Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra». El encuentro se desarrolla 4 meses más tarde en Cochabamba, Bolivia.
Sobrepasando todas las previsiones, más de 30 000 personas y 48 delegaciones gubernamentales participan en la Conferencia de Cochabamba. El ambiente de este encuentro recuerda a la vez el de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro y el de las diferentes ediciones del Foro Social Mundial.
Lo que está en juego es sin embargo muy diferente.

En Río, la firma de relaciones públicas Burson-Marsteller había dado realce a las asociaciones como medio de legitimar las decisiones tomadas a puertas cerradas. En Cochabamba sucede lo contrario. Las asociaciones, excluidas del centro de conferencias de Copenhague, son ahora los actores de la toma de decisiones. La comparación con el Foro Social Mundial deja de ser válida.

El objetivo del Foro Social Mundial es ser la contraparte del Foro Económico de Davos y para ello se exila a sí mismo en el otro extremo del mundo, como recurso para evitar los enfrentamientos que ya se habían producido en Suiza. Lo que se cuestiona ahora es la ONU.
Evo Morales ha tomado nota del fiasco de Copenhague y de la voluntad de las grandes potencias de ignorar la autoridad de la Asamblea General de la ONU, así que convoca a la sociedad civil a unirse frente a los gobiernos occidentales.

El presidente boliviano Evo Morales y su ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, abordan las cuestiones medioambientales desde su propia cultura de indios aimaras [7].
Mientras los occidentales discuten para determinar hasta dónde hay que limitar las emisiones de gases de efecto invernadero para no perturbar el clima, el presidente de Bolivia y su ministro de Relaciones Exteriores señalan que si se piensa que esas emisiones pueden ser peligrosas, lo que se impone es interrumpirlas.

Rompiendo con la lógica dominante, Morales y Choquehuanca rechazan el principio de las autorizaciones negociables, estimando que no se puede permitir, y mucho menos vender, algo que se cree peligroso. A partir de ese razonamiento, el presidente boliviano y su ministro de Relaciones Exteriores se pronuncian por un completo cambio del principio fundamental.
Los Estados desarrollados, sus ejércitos y sus transnacionales han herido a la Tierra que nos alimenta, poniendo así en peligro a toda la humanidad, mientras que los pueblos originarios han dado pruebas de su propia capacidad para preservar la integridad de la Madre Tierra.
La solución es, por lo tanto, de orden político: hay que devolver a los pueblos autóctonos el manejo de los grandes espacios mientras que las transnacionales tienen que responder ante un tribunal internacional por los daños que han provocado.

La conferencia de Cochabamba confirma la capacidad de los pueblos autóctonos para hacer lo que los occidentales no han podido lograr. De izquierda a derecha, el presidente de Venezuela Hugo Chávez, el ministro boliviano de Relaciones Exteriores David Choquehuanca y el presidente de Bolivia Evo Morales.
 


La Conferencia de los Pueblos celebrada en Cochabamba llama a la organización de un referendo mundial para la institución de una justicia climática y medioambiental y la abolición del sistema capitalista.
Siguiendo el mismo método ya tantas veces aplicado en numerosas cumbres internacionales que habían logrado escapar al control de los anglosajones, Washington desata de inmediato una campaña mediática destinada a desacreditar el mensaje de la conferencia de Cochabamba.
Dicha campaña deforma los razonamientos y el discurso del presidente boliviano Evo Morales [8].
Demasiado tarde. La ideología verde de Occidente ya ha perdido la unanimidad.
El árbol que no deja ver el bosque

En 40 años de discusiones de la ONU, las cosas no han mejorado sino todo lo contrario. Lo que se ha producido es un increíble acto de prestidigitación que resalta la responsabilidad individual mientras que pasa por alto las responsabilidades de los Estados y oculta la de las transnacionales. Como el árbol que no deja ver el bosque.

En las cumbres internacionales nadie trata de evaluar el costo energético de las guerras desatadas contra Afganistán e Irak, costo energético que incluye el puente aéreo que transporta diariamente toda la logística proveniente de Estados Unidos hacia el campo de batalla, incluyendo la alimentación de los soldados.

Nadie se preocupa por medir la superficie habitada contaminada por las municiones de uranio enriquecido, de los Balcanes a Somalia y pasando por el Gran Medio Oriente.

Nadie menciona las áreas agrícolas destruidas por las fumigaciones en el marco de la guerra contra la droga, en América Latina o en Asia central; ni las áreas esterilizadas por el uso del agente naranja, desde la jungla vietnamita hasta los palmares iraquíes.

Hasta la celebración de la conferencia de Cochabamba, la conciencia colectiva olvidó las evidencias existentes de que los principales ataques contra el medio ambiente no son consecuencia de comportamientos individuales ni de la industria civil sino de guerras desatadas para que las transnacionales puedan explotar los recursos naturales, y de la explotación sin escrúpulos de esos mismos recursos por parte de las transnacionales que alimentan los ejércitos imperiales. Lo cual nos trae nuevamente al punto de partido, cuando U Thant proclamaba el «Día de la Tierra» en protesta contra la guerra de Vietnam.


 Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Fuente: Red Voltaire

El pretexto climático 2/3

1 de mayo de 2010, escrito por Sin comentarios
1982: Nairobi, la segunda «Cumbre de la Tierra» y el liderazgo de Margaret Thatcher.

Poco a poco el debate se desplaza del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) hacia el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU) en cuyo seno dará lugar a enfrentamientos entre Estados Unidos, por un lado, y, del otro lado, la Santa Sede e Irán sobre el tema de la moral sexual.
Dentro del bando capitalista, los neo-maltusianos pierden influencia ante los partidarios de la desregulación.
El presidente estadounidense Ronald Reagan trata con desdeño la segunda «Cumbre de la Tierra» (Nairobi, 1982), que pasa sin pena ni gloria. Ni siquiera se prevé la realización de una nueva conferencia.

Los demócratas estadounidenses toman las cosas con más seriedad.
James Gus Speth, ex consejero de Jimmy Carter para el medio ambiente, y Jessica Mathews, ex adjunta de Zbignew Brzezinski en el Consejo de Seguridad Nacional y administradora de la Rockefeller Foundation, fundan el World Resources Institute (WRI), un think tank ecologista que debe ejercer su influencia sobre el Banco Mundial.

Financiado por varias transnacionales, el WRI será el primer organismo de su tipo en dedicar grandes presupuestos al estudio político del clima.
El WRI cuestiona la capacidad de los Estados para enfrentar los desafíos vinculados al medio ambiente y milita por una administración global que, según asegura, no se ejercerá a través de la ONU sino a traves del mercado [capitalista] mundial.

Los tratados son inútiles. Las transnacionales serán quienes resuelvan los problemas y lo harán sólo cuando sea de interés para sus accionistas.
Después del fracaso de la conferencia de Nairobi, las Naciones Unidas reducen sus ambiciones y se conforman con negociar la Convención de Viena y el Protocolo de Montreal sobre la prohibición de los clorofluorocarbonos (CFCs), responsables del «hueco de la capa de ozono».



Para reactivar el debate que se la va de las manos, el secretario general de la ONU, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, nombra una Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo que tendrá como presidenta a la ministra de Estado noruega (o sea, primera ministra), la doctora Gro Harlem Brundtland, y a Jim MacNeill como secretario general. Este organismo, que cuenta entre sus miembros a Maurice Strong, entrega un informe pesimista y ambiguo titulado Nuestro futuro comun [1].
El texto es innovador dado que toma en cuenta las preocupaciones del Tercer Mundo.

En ese sentido menciona, por vez primera en un documento internacional, la noción de «desarrollo sostenido», posteriormente traducida como «desarrollo sostenible». El crecimiento industrial no es enemigo de la especie humana, pero es necesario regularlo para no hipotecar los derechos de las futuras generaciones.
Lo cual implica, claro está, que la actividad humana no debe destruir el medio ambiente. Pero también implica que la actividad humana no debe crear desigualdades que priven de futuro a los niños que nacen en los países pobres.
El problema del acceso a los recursos naturales y del manejo de dichos recursos escapa de las manos de los neo-maltusianos y adquiere una dimensión revolucionaria que no todo el mundo entiende de la misma manera.

Para los tercermundistas, los Estados tienen que adoptar leyes que garanticen el acceso de todos a los bienes comunes. Para los capitalistas (neo-liberales), por el contrario, los Estados deben desregular [o sea, eliminar leyes] para garantizar el acceso de las transnacionales [a los bienes comunes].
Esta doble lectura suscita inquietud en algunos Estados desarrollados. Dos factores los incitarán, sin embargo, a implicarse en la continuación de las negociaciones.

 En 1986, el transbordador espacial Challenger se desintegra en vuelo, 73 segundos después de su lanzamiento. Estados Unidos decreta la inmediata interrupción de los vuelos.

La NASA entra en una fase de introspección y reorganización. Y analiza, en aras de conservar su presupuesto, la posibilidad de reciclarse como observadora de los cambios climáticos a través de los satélites artificiales.

El director del instituto de climatología de la NASA, James Hansen, dramatiza el problema al comparecer ante una comisión del senado [2].
Gracias a Hansen, el movimiento ecologista estadounidense se dota de un aval científico y la NASA recupera su presupuesto.


Video:1986, el transbordador Challenger se desintegra en vuelo.




Hansen reactiva la teoría del «efecto invernadero», concepto formulado en 1896 por el físico y químico sueco Svante Arrhenius que afirma que la presencia en la atmósfera de ciertos gases, como el CO2, puede provocar un aumento de la temperatura global de la superficie terrestre.
Este científico, adepto del cientificismo, había emitido la hipótesis de que la humanidad lograría evitar una nueva edad de los glaciares gracias al calor de sus fábricas. Su demostración resultó improvisada, provocando el abandono de la idea.

James Hansen la retoma al cabo de los años –sin verificarla– pero sacando la conclusión inversa: el desarrollo industrial va a provocar un calentamiento climático perjudicial para la humanidad.

Margaret Thatcher se apodera entonces de la cuestión climática y se impone rápidamente como líder mundial en la materia.
En 1987, Maumoon Abdul Gayoom, presidente de las Maldivas, aborda el tema durante la cumbre de la Commonwealth, en Vancouver. Su país, dice el presidente de las Maldivas, desaparecerá si el clima se recalienta y sube el nivel del mar.
En 1988, Canadá y Noruega organizan en Toronto una conferencia ministerial mundial sobre el tema «Cambios en nuestra atmósfera: implicaciones para la seguridad global» [3], donde se abordan por vez primera los posibles desplazamientos de población y se mencionan objetivos determinados para la reducción de los gases de efecto invernadero.

Los primeros ministros de Canadá y Gran Bretaña, Brian Mulroney y Margaret Thatcher, convencen a sus colegas del G7 (Estados Unidos, Francia, Alemania e Italia) de financiar un Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC) [Conocido por sus siglas en inglés (IPCC) y en español como Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, denominación que utilizaremos en lo adelante en este trabajo. NdT.] bajo los auspicios del PNUMA y de la Organización Meteorológica Mundial, que ya habían iniciado un programa común de investigación [4]. Poco después, la señora Thatcher pronuncia un importante discurso en la Royal Society [5].

Afirma en él que los gases de efecto invernadero, el hueco de la capa de ozono y las lluvias ácidas exigen respuestas intergubernamentales. En 1989, la propia Margaret Thatcher se dirige a la Asamblea General de la ONU con un mensaje de alarma en el que llama a una movilización general sobre el tema.
Anuncia que Gran Bretaña ya ha tomado una serie de iniciativas para modernizar su industria y que pondrá a la disposición de los investigadores de todo el mundo las herramientas informáticas necesarias para el estudio del clima [6]. De regreso en Londres, crea el Hadley Center for Climate Prediction and Research, institución que inaugura con gran solemnidad [7]. Participa también en la conferencia mundial sobre el clima, en Ginebra, donde se pronuncia por la redacción de una convención global [8].

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático adquiere toda su dimensión con la creación del Hadley Center. El interés de Lady Thatcher no era crear una academia científica internacional sino un órgano político encargado de enmarcar la investigación, lo que cual se hace mucho más fácil en la medida en que los expertos participantes necesitan al Hadley Center para poder continuar sus trabajos.
El objetivo de Margaret Thatcher no era fabricar una ciencia falsa para apoyar una línea política, sino orientar la investigación fundamental para convertirla en investigación aplicada, útil para la nueva revolución industrial a la que aspiraba.
Margaret Thatcher aborda el desafío climático como una posibilidad para el Reino Unido de asumir el liderazgo científico a nivel mundial y de emprender una nueva revolución industrial (En la imagen, Margaret Thatcher en la apertura del Hadley Center, el 25 de mayo de 1990). 
 


El deseo de Lady Thatcher, ex investigadora en el sector de la química orgánica, de basar la prosperidad y la influencia de su propio país en su liderazgo científico resulta indudable. Contrariamente a los neo-maltusianos, Margaret Thatcher plantea que los progresos científicos deben permitir resolver el desafío climático. Pone como ejemplo la manera cómo la ciudad de Londres ha logrado deshacerse del fog, la espesa nube de humo de las fábricas que la niebla impide disiparse. Lejos de condenar la industrialización, Margaret Thatcher quiere realizar una nueva revolución industrial que pondrá nuevamente a su país a la cabeza de la economía mundial. Cierra las minas de carbón, recurre al petróleo del Mar del Norte y prepara el futuro con el sector nuclear.

Esta enorme ambición, que Margaret Thatcher implementa con el mayor desprecio por la clase obrera e imponiendo a la clase dirigente un paso de marcha forzada, se estrella contra las disensiones del Partido Conservador, que se rebela contra su autoritarismo y la obliga a dimitir.
1992: Río de Janeiro, la tercera «Cumbre de la Tierra» y el triunfo de Maurice Strong

Durante los últimos años, Maurice Strong ha abandonado la actividad en el sector público canadiense y se ha hecho millonario. Ha sido nombrado director de Petro-Canada y ha acumulado una impresionante fortuna personal. Junto con el vendedor de armas saudita Adnan Kashoggi, Maurice Strong crea American Water Development, sociedad que compra el valle de Saint Louis para explotar las reservas de agua del río Colorado. Pero enfrentan la cólera de los habitantes, quienes temen que esa verde región se convierta en un desierto.

Entrada de la « Nave Tierra » en el Haidakhandi Universal Ashram de Crestone. Maurice Strong instaló santuarios para las religiones hindú, budista, chamánica, judía y cristiana en el Baca Ranch.
 

Strong renuncia bruscamente al proyecto. Según afirma, un sabio le reveló las propiedades místicas del lugar, que los indios consideran sagrado. Junto a su esposa Hanne, convencida esta última de ser la reencarnación de una sacerdotisa india, Strong crea la Manitou Foundation.
Su esposa es la presidenta y el propio Strong es el tesorero. Invierten 1,2 millones de dólares en el Baca Ranch de Crestone, construyen un gran complejo espiritual al estilo New Age en el que coexisten templos hindúes y budistas, templos judíos e iglesias cristianas, chamanes y otros tipos de brujos, en el marco de un urbanismo esotérico.

Altas personalidades, miembros del muy serio Aspen Institute (Rockefeller, Kissinger, etc.), vienen a meditar al lugar para que todas las religiones se conviertan en una sola.
Laurance Rockefeller, hermano de David, hace una donación de 100 millones de dólares. La extraña aventura se termina tan abruptamente como había comenzado sin que se haya logrado determinar si se trató de un caso de delirio colectivo o si fue una maniobra propagandística para atenuar la imagen de tiburones de Maurice Strong y sus amigos.

En todo caso, el Baca Ranch sirvió de laboratorio para la elaboración de la propaganda ecologista con una religiosidad a la moda, basada en el mito bíblico del diluvio y envuelta en imágenes provenientes de diferentes culturas, principalmente del budismo.

El hombre pecador ha sucumbido ante la tentación industrial y debe asumir el castigo divino. Debido al calentamiento climático, que él mismo ha provocado, las aguas pronto cubrirán la faz de la Tierra.
El único sobreviviente será Noé, el ecologista, y con él sobrevivirán las plantas y animales que él mismo logre poner a salvo.



Esa creencia se basa en la cosmogonía inspirada en los trabajos del investigador James Lovelock, quien recibe el título honorífico de Comendador del Imperio Británico, otorgado por Margaret Thatcher. En su teoría de Gaia, el científico inglés pretende demostrar que la regulación de la composición de la atmósfera terrestre depende de los seres que la habitan. Basados en ese razonamiento, que todavía está por demostrar, los creadores del Baca Ranch plantean que el planeta Tierra se comporta como un organismo vivo. Es Gaia, la diosa madre de la mitología griega. Por muy absurdo que parezca esta cosmogonía se impone en el imaginario contemporáneo. Por lo tanto, ya no se trata de «salvar la humanidad» sino de «salvar el planeta», aunque nadie pone en duda que a este astro muerto todavía le quedan por delante varios miles de millones de años.

Como quiera que sea, los anglosajones logran obtener la elección de Maurice Strong como presidente de la Federación Mundial de Asociaciones de las Naciones Unidas (WFUNA, siglas en ingles). Esta posición le permite hacer campaña para que la ONU organice una nueva cumbre de la Tierra. Una vez tomada la decisión, Strong no encuentra la menor dificultad, dado el papel que ya había desempeñado en Estocolmo y su paso por el PNUMA, para obtener el cargo de secretario general de la futura conferencia.

Para la preparación de la cumbre de Río, Strong se busca en primer lugar un consejero especial, su amigo Jim MacNeill, quien había sido director de Medio Ambiente en la OCDE y, posteriormente, redactor del informe Brundtland. Al igual que Strong, MacNeill es miembro de la Comisión Trilateral, creada por David Rockefeller con Zbignew Brzezinski.

En ese marco MacNeill redacta el informe preparatorio de la conferencia, titulado Beyond Interdependence (Más allá de la interdependencia) [9], mientras que Strong redacta el prefacio. La idea principal que se desprende del informe de la Rockefeller Foundation, previo a la conferencia de Estocolmo, y del informe de la comisión de la ONU posterior a la conferencia de Nairobi así como del de la Comisión Trilateral, antes de la conferencia de Río, es que los intereses económicos y las preocupaciones sobre el medio ambiente no deben oponerse entre sí acusando a las transnacionales de contaminar indiscriminadamente. Por el contrario. Industriales y ambientalistas deben unirse. La ecología puede ser un negocio lucrativo. Lo que falta es hacerle tragar eso a la opinión pública.

Maurice Strong complace a las asociaciones ecologistas invitándolas a presentar sus sugerencias para la cumbre y tratándolas con todo de atenciones. Al mismo tiempo reserva un espacio estratégico a las transnacionales, nombrando al multimillonario suizo Stephan Schmidheiny como consejero principal para la preparación de la cumbre.

Considerado el mayor contaminador con amianto a escala mundial, Stephan Schmidheiny dirige el WBCSD, un sindicato de transnacionales « verdes ».
 
Schmidheiny reúne en el seno del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) a las principales transnacionales, temerosas de que la cumbre pueda dar lugar a un cuestionamiento de sus prácticas. Les propone la realización de acciones de cabildeo para evitar la adopción de cualquier reglamentación internacional que entorpezca sus actividades y para promover la globalización económica bajo la fachada de la acción ecológica.

Mundialmente celebrado como filántropo de la ecología, Schmidheiny amasó su fortuna a través de la empresa de materiales de construcción Eternit. Como consecuencia de una investigación ordenada por Rafaelle Guariniello, fiscal general de Turín, en Italia, Schmidheiny debe comparecer ante los tribunales en 2010. Se le acusa de ser el mayor contaminador del mundo con amianto.
A pesar de tener total conocimiento de causa, Schmidheiny contaminó o permitió la contaminación de la ciudad de Casale donde se encontraban las fábricas de su empresa, provocando la muerte de 2 900 personas mientras que otras 3 000 quedaban afectadas.



Mientras Maurice Strong y sus amigos preparan la conferencia, numerosos científicos expresan su descontento ante el rumbo que están tomando las cosas. El periodista francés Michel Salomon reúne 3 000 universitarios y laureados del Premio Nóbel alrededor del Llamado de Heidelberg. Haciendo alusión a los santuarios del Baca Ranch y las teorías de Gea, denuncian «el surgimiento de una ideología irracional que se opone al progreso científico e industrial y perjudica el desarrollo económico y social».

Observando la movilización del WBCSD, reafirman «la necesidad absoluta de ayudar a los países pobres a alcanzar un nivel de desarrollo sostenible y en armonía con el del resto del planeta, de protegerlos de lo perjudicial proveniente de naciones desarrolladas y de evitar encerrarlos en una red de obligaciones irrealistas que comprometen a la vez su independencia y su dignidad».

Finalmente, concluyen que «los peores males que amenazan nuestro planeta son la ignorancia y la opresión, no la ciencia, la tecnología y la industria cuyos instrumentos, en la medida en que se utilicen adecuadamente, son herramientas indispensables que permitirán a la humanidad acabar, por sí misma y para sí misma, con males como el hambre y la sobrepoblación».

Strong y Schmidheiny reclutan entonces la firma de relaciones públicas Burson-Marsteller. La especialidad de su presidente, Harold Burson, consiste en identificar los sectores de población que pueden ser utilizados a favor de una causa, organizarlos en asociaciones y utilizarlas después para que defiendan, sin saberlo, los intereses de los clientes de la firma.
Entre otros ejemplos, Burson había creado en el pasado asociaciones de enfermos para facilitar el acceso a los medicamentos que fabricaban sus clientes, en vez de militar por el acceso a los medicamentos más eficaces.

También formó asociaciones de fumadores para luchar contra las leyes antitabaquismo, en vez de luchar por la fabricación de cigarrillos que no fuesen tóxicos. Burson transformará entonces la cumbre de Río en una gigantesca feria asociativa, dando así una apariencia de legitimidad popular a decisiones ya tomadas de antemano, en secreto y al más alto nivel, por un sindicato de transnacionales [10].

Esta técnica de manipulación se ha hecho clásica. Y ha sido reproducida desde entonces en múltiples conferencias internacionales.
Maurice Strong inaugura, como secretario general adjunto de la ONU, la Iglesia de Cienciología de Nueva York el 25 de septiembre de 2004.
 

172 delegaciones, de las que forman parte un centenar de jefes de Estado y de gobierno, participan en la cumbre de Río, del 3 al 14 de junio de 1992. En medio de una atmósfera festiva, el encuentro sirve de marco a la adopción de numerosos documentos. La Declaración de Río [11] establece 27 principios, como el principio de precaución: «la ausencia de certeza científica absoluta no debe servir de pretexto para posponer la adopción de medidas efectivas tendientes a prevenir la deterioración del medio ambiente» [12].

La Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro: la ecología es una necesidad, la ecología es un mercado. 
 


Esta Declaración es fruto de una verdadera negociación entre Estados. El documento reconoce el derecho de las generaciones futuras al desarrollo sostenible, lo cual implica no sólo que el crecimiento económico no debe concretarse a costa del medio ambiente sino que tampoco debe perpetuar las desigualdades entre el Norte y el Sur. En materia de derecho internacional, el medio ambiente se convierte en una cuestión de justicia social.

Para la aplicación de esos principios, los Estados miembros deben atenerse a otro documento: Action 21 [13]. Es un detallado programa que explica la relación entre desarrollo y medio ambiente, enumera los principales problemas ambientales, precisa los grupos e instituciones que deben ser movilizados y refiere gran cantidad de buenas intenciones. Pero en este segundo documento se elimina toda referencia a situaciones de conflicto. Estados Unidos e Israel logran que se elimine toda mención de los derechos de los «pueblos sometidos a la opresión, la dominación y la ocupación».

Lo más importante es que la guerra ya no aparece como el principal factor de los ataques al desarrollo y al medio ambiente. Es el triunfo de Maurice Strong y de la ecología edulcorada. Las transnacionales pueden seguir saqueando el planeta, con tal de que no contaminen en los países desarrollados.

El Pentágono, que acaba de desatar su primera agresión militar contra Irak, puede seguir destruyendo sin preocuparse porque la destrucción de la guerra no cuenta.


Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).


Notas del Autor

[1] Título en francés: Notre avenir à tous. Título en inglés: Our Common Future. Título en español: Nuestro Futuro Común.
[2] Greenhouse Effect and Global Climate Change, audiencia de James Hansen ante la Comisión senatorial de Energía y Recursos Naturales, 23 de junio de 1988.
[3] «Our Changing Atmosphere: Implications for Global Security».
[4] Déclaration économique, G7, Toronto, §33.
[5] Speech to the Royal Society, por Margaret Thatcher, 27 de septiembre de 1988.
[6] Speech to United Nations General Assembly (Global Environment) por Margaret Thatcher, 8 de noviembre de 1989.
[7] Speech opening Hadley Centre for Climate Prediction and Research, por Margaret Thatcher, 25 de mayo de 1990.
[8] Speech at 2nd World Climate Conference, por Margaret Thatcher, 6 de noviembre de 1990.
[9] Beyond Interdependence: The Meshing of the World’s Economy and the Earth’s Ecology, por Jim MacNeill, Pieter Winsemius y Taizo Yakushiji, Oxford Paperbacks, febrero de 1992.
[10] «Burson-Marsteller, Pax trilateral and the Bruntland Gang versus the Environment» por Joyce Nelson, y «Poisoning the Grassroots» por John Dillon, Covert Action quaterly, primavera de 1993.
[11] Texto íntegro de la Declaración de Río.
[12] El principio de precaución, como aparece formulado en la Declaración de Río o en la Carta francesa sobre el medio ambiente, tiene como objetivo ampliar la base jurídica de la acción política a favor del medio ambiente ante las evaluaciones científicas que presentan las transnacionales. Posteriormente ha sido a menudo tergiversado para justificar una forma de pasividad política en todos los sectores.
[13] Texto íntegro de Action 21.


 
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